Ante los hechos recientes de violencia, creo que es necesario que las autoridades actúen, no solo en función de la policía, si no los efectos que éstos provocan en la sociedad civil.
Por ello considero de suma importancia compartirle el siguiente escrito del doctor Félix Higuera Romero, especialista en salud mental.
“La mayoría de los actos criminales aislados o múltiples en México son perpetrados por delincuentes organizados que utilizan el miedo colectivo para obtener sus ganancias. Es comprensible que los atentados criminales o asesinatos multitudinarios sean asociados en la memoria los trágicos acontecimientos ocurridos en el mundo (Oslo Noruega, Torres Gemelas en Nueva York, Madrid, Guardería ABC en Hermosillo, etc) que, entre otras reacciones emocionales impera el miedo.
Todos sentimos miedo cuando estamos en peligro o ante una amenaza inminente.
El miedo es una emoción universal, inevitable y necesaria.
El terrorismo se define como la propagación del miedo a través de actos de violencia y destrucción para conseguir fines políticos. Aunque los actos de destrucción de vidas humanas en México no son actos terroristas con fines políticos, si están provocando una pandemia llamada miedo.
El miedo normal es un sistema interior de alarma equilibrada. Durante la activación del miedo, ésta se dispara en el momento apropiado de un verdadero peligro, no ante una posibilidad de que algo malo ocurra o el simple recuerdo de un peligro. El miedo normal, se expresa rápido y fácilmente desaparece. Cuando el peligro ha pasado o cuando nos hemos dado cuenta de que no era para tanto, ya habiendo reconocido la situación que lo desencadenó, automáticamente el miedo disminuye.
Sin embargo frente al miedo por asesinatos colectivos reaccionamos de manera diferente: en primer lugar el estimulo identificado como peligroso, activa de inmediato una reacción fisiológica que se manifiesta con ataque, huida o parálisis (bloqueo), tal y como de ha vivido recientemente por fallecimientos múltiples. A partir del momento en que el miedo se vuelve anormal, es decir nuestra alarma interna está mal ajustada, al activarse con demasiada frecuencia, brota súbitamente una activación anormal, aunque las situaciones de peligrosidad sean menores.
La regulación anormal puede detonar en una crisis de pánico incontrolable (miedo de tener miedo), situación algo difícil de controlar y calmar. De no desencadenar una crisis puede ser que se exprese angustia, expresada con temores, molestias físicas, nerviosismo, problemas del dormir, preocupaciones excesivas relacionadas con los eventos catastróficos y sentimientos crónicos de desilusión, pérdida de la esperanza que la situación de riesgo social cambie. Si la persona desarrolla estrés postraumático, el problema puede agravarse e incapacitar a la persona.
La única manera de resolver el miedo es enfrentándolo, desobedeciendo las señales físicas y emocionales, para disminuir el exceso de miedo. Necesitamos estar bien informados de lo que la provoca miedo. No informados, nos mantendría en la ignorancia y seguir preocupados por los miedos, imaginando que en cualquier momento hará su aparición y no poder controlarlo.
Necesitamos aceptar la dosis de miedo normal ante situaciones de la vida cotidiana, la idea no es eliminarlo por completo, sino, regularlo para que en su momento pueda ser útil para defenderse de las amenazas. Necesitamos estar entrenados para sentir miedo en circunstancias controladas: esto que se llama exposición a la situación de miedo y resistirlo.
No autocalificarnos como cobardes, débiles, perdedores o vergonzosos, necesitamos entender el miedo como un problema por resolver, en lo individual, familia y lo social.
El miedo repetitivo es peligroso, los escenarios catastróficos son cada vez más frecuentes, son una realidad. Necesitamos verificar la confianza en nosotros mismos, si no confiamos en nuestras propias reacciones, analicemos las interpretaciones equivocadas o exageradas basadas en los sentimientos reales y las señales físicas asociadas al miedo. Si de plano no nos sentimos capaces de enfrentar la situación de miedo, nada peor pasará, ya hemos sobrevivido muchos años, hemos sobrevivido con los recursos propios los hemos evitado, hemos huido o lo hemos enfrentado.
Los grupos de delincuentes continuarán cometiendo actos terroristas y asesinatos múltiples, mientras más miedo sea demostrado por la población. Con las reacciones temerosas de la sociedad civil y autoridades encargadas de la seguridad nacional, los grupos de narcoterroristas consiguen su propósito: propagar el miedo. Eso los anima a cometer más actos criminales. Los delincuentes organizados tienen una manera de promover sus intenciones, no aceptables ni negociables, debemos reaccionar con prudencia ante un hecho con el cual ellos quieren llamar la atención y tener dominio sobre la poblaciones general.
Urge resolver los miedos e inseguridades como personas, como grupo social, como sociedad y como población mexicana afectada por esta pandemia”.
De esta forma nosotros contribuimos para que Usted y su familia controlen su miedo, ¿qué parte le toca a las autoridades?
Derecho de réplica
Ante los reproches que recibí de algunos priistas por haber escrito que David Palafox, el dirigente del PRI municipal, es fan de Manuel Ignacio Maloro Acosta les aclaro que es imposible en una columna anotar todos los comentarios que me dijo, y donde también fue claro es en ser institucional y trabajar por el partido y los cuadros que resulten.
Así que no se sienta nadie, yo destaqué lo del Maloro porque me llamó la atención la forma tan ferviente en la que se expresa de él, convencido de que el diputado federal es de los políticos que México necesita para mejorar. ¿Qué tal?
Gracias por su atención y tiempo, y ¡por favor! sonría, podría ser peor.
P.D. ¡Que maravillosa la lluvia!, deja al descubierto la calidad en las obras, ¿o no?



















